Había llegado demasiado lejos disfrazando la compañía que tanto me había dado por amor y
ahora estaba frente al altar: a un acepto del famoso amor eterno. Y no
quería, y no podía. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos teniéndolo al
frente mío, ¿Cómo podría pasar el resto de mi vida a su lado dándole la mitad de amor que él me daría?
-Yo... ... yo... ... ...-intenté decir, pero el nudo en la garganta me impidió continuar, era como si las malditas palabras no quisiesen salir. No en ese momento, no en ese lugar... y no con ese hombre. -Yo... -intenté, pero otra vez el nudo, otra vez mi amor a medias y, otra vez, que no podía.
Maldita sea, él era perfecto y yo no podía decir sí, acepto.
-Lo siento -susurré, mientras sentía cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.- no puedo.
Él alzó su mano bordeo mi rostro, acariciándolo una última vez; despidiéndose lentamente de cada centímetro cuadrado que alguna vez había besado.
-Ve. -dijo finalmente, pero desconcertada, no me moví. -Huye -insistió, alzando la voz, como si realmente quisiera que corriera de una vez por todas, que me fuera, que me largara para acabar con todo antes de quebrarse en mil pedazos.
Dudé unos segundos, pero sus ojos terminaron por convencerme y antes que la primera lágrima escapara cogí el vestido blanco, di media vuelta y corrí.
Con la mirada de todos sobre mí, corrí.
Con los susurros y reproches, corrí.
Dejando al hombre que había intentado volver sedentario un corazón irremediablemente nómada ...corrí.
Y yo corrí, fugitiva de mi propio final feliz.
-Yo... ... yo... ... ...-intenté decir, pero el nudo en la garganta me impidió continuar, era como si las malditas palabras no quisiesen salir. No en ese momento, no en ese lugar... y no con ese hombre. -Yo... -intenté, pero otra vez el nudo, otra vez mi amor a medias y, otra vez, que no podía.
Maldita sea, él era perfecto y yo no podía decir sí, acepto.
-Lo siento -susurré, mientras sentía cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.- no puedo.
Él alzó su mano bordeo mi rostro, acariciándolo una última vez; despidiéndose lentamente de cada centímetro cuadrado que alguna vez había besado.
-Ve. -dijo finalmente, pero desconcertada, no me moví. -Huye -insistió, alzando la voz, como si realmente quisiera que corriera de una vez por todas, que me fuera, que me largara para acabar con todo antes de quebrarse en mil pedazos.
Dudé unos segundos, pero sus ojos terminaron por convencerme y antes que la primera lágrima escapara cogí el vestido blanco, di media vuelta y corrí.
Con la mirada de todos sobre mí, corrí.
Con los susurros y reproches, corrí.
Dejando al hombre que había intentado volver sedentario un corazón irremediablemente nómada ...corrí.
Y yo corrí, fugitiva de mi propio final feliz.